Mi historia comenzó en 2024 y, desde el primer momento, encontré un lugar donde aprender va más allá del aula: es crecer, conectar y descubrir mi vocación detrás de cada enseñanza.
Llegué después de conocer el campus por una amiga que finalizó su pregrado en la institución. Me habló de la excelencia académica, las competencias que adquirió y el enfoque del programa, lo cual fue suficiente para conectar con la carrera que quería construir con orgullo.
Mis días han estado llenos de aprendizajes nuevos. Entre clases, exposiciones, casos reales y la participación activa con los profesores, cada jornada me acerca más a la psicóloga que quiero ser.
Lo más significativo para mí ha sido entender cómo la psicología me permite ver el mundo con empatía, responsabilidad y propósito, y cómo desde mi formación puedo aportar al bienestar de las personas.
Uno de los momentos que más me marcó fue una charla sobre el caso real de una paciente con afectaciones cognitivas que me permitió comprender el impacto real de la profesión y reafirmar mi interés por la neuropsicología como camino profesional.
Hoy puedo decir que he cambiado mi forma de pensar, escuchar y comprender a los demás, al descubrir lo valioso que es ayudar y comunicarle al mundo lo que hacemos. Por eso ser cervantina significa formarse como profesional, pero también transformarse como persona.