Me siento profundamente conectada con mi territorio, que representa mis raíces, sueños y aspiraciones como futura profesional.
Me apasiona el arte ancestral, especialmente el tejido en chaquira, práctica que realizo apoyando la empresa de artesanías de mis padres. Esto fortalece mi identidad cultural, mantiene vivas nuestras tradiciones indígenas y me conecta con las enseñanzas de mi comunidad, que inspiran mi orgullo y compromiso.
Elegí estudiar en Unicervantes porque me permite formarme cerca de mi gente. Muchas veces, los estudiantes de zonas apartadas no contamos con los recursos para desplazarnos a otras ciudades, por eso contar con una institución de educación superior en el Putumayo es una gran oportunidad, tanto para los jóvenes como para el desarrollo del territorio. Formar profesionales aquí significa sembrar conocimientos que permanecen, se aplican y se transforman.
Lo que más valoro de la institución es el compromiso de docentes y equipo administrativo. Aunque somos sede, se siente el respaldo institucional desde Bogotá, lo que garantiza formación de calidad sin salir de casa y genera pertenencia y confianza en lo que construimos juntos.
Mi meta es convertirme en una profesional íntegra y seguir avanzando académicamente mediante especializaciones, maestrías o doctorados. Por eso, considero importante que en el futuro la universidad ya nos trae programas de posgrado al territorio, lo que abrirá puertas y permitirá a más jóvenes formarse sin migrar lejos de sus raíces.
Recomiendo estudiar Trabajo Social en la sede Mocoa porque aquí no solo se aprende teoría, también se vive la realidad social en contacto directo con las comunidades. Esto brinda una mirada crítica y humana, además de fortalecer el sentido de colectividad, solidaridad y pertenencia.
Los beneficios son muchos: educación accesible y pertinente, un ambiente cercano, respeto por la diversidad cultural y un impulso constante a que los estudiantes sean protagonistas del cambio social, académico y comunitario en el Putumayo.